Unos escalofríos de puro terror

Bienvenidos muchachos, a la noche del terror. Es hora de
confrontar los miedos, y qué mejor manera de hacerlo que enfrentando algo de tu
querido pasado que vuelve… en forma de una adaptación fílmica que nadie
esperaba.

Me refiero por supuesto a la película Escalofríos. Cuando
supe que iban a hacer una película de la tan querida serie de libros, me
preparaba para el ritual de siempre: “¡Oh Dios mío no puede ser, van a  violar mi infanciaaah asfdafdfas…!”, pero otro
lado me decía que esa postura ya es demasiado cliché y además un tanto
prejuiciosa, así que decidí darle una oportunidad pese a todo.
Cuando es Jack Black quien se ve más convincente que los monstruos CGI y los memos adolescentes, mal vamos.

OH, ESPEREN…

ÉSTE ES STINE, NO SE PARECEN EN NADA.
Una vez vista tuve una sensación de decepción tremenda: un
quiero y no puedo en todo el sentido de la palabra. Porque la verdad es que no
tengo bien claro que es lo que la película quería: ¿ser un homenaje, una
comedia, algo totalmente diferente? Bueno quizás sí tenía en mente una cosa:
sacarte dinero. Y eso tampoco sabe hacerlo bien.

Sinopsis

Hablemos de la película en sí: un adolescente llamado Zach
se muda junto a su madre a los suburbios de Madison, donde conoce a Hannah,
quien resulta ser la hija de un misterioso y arisco personaje, que resulta ser
nada menos que R.L. Stine, interpretado por Jack Black, quien la mantiene
aislada del mundo. Cuando el prota junto a su amigo intentan liberarla luego de haber
recurrido a la torpe policía, lo que consigue es en realidad liberar a los
monstruos que el escritor guardaba en sus manuscritos. Ahora deberán unir
fuerzas para intentar salvar la ciudad de las oleadas de bestias,
devolviéndolos a los libros de los que surgieron.

Y aquí viene el hacha…

Francamente la película pudo haber sido genial (y de hecho
su potencial es enorme) si no abundara en tantos agujeros de guión y se dieran
tan pocas explicaciones. Sobre lo primero, por ejemplo ¿de dónde vienen los
poderes de Stine? Nada, sencillamente se dice que él podía soñar esos monstruos
y los plasmaba en sus libros. Hasta llegué a pensar que su máquina de escribir
(que llega a fungir de macguffin en un momento de la película) tenía que ver
algo pero no, sencillamente surgían y la única manera de contenerlos era en los
manuscritos.
Otro defecto en mi opinión es que se toma DEMASIADO tiempo
en introducirnos a los personajes
: la llegada de Zach, el encuentro con su
amigo el nerd, y el flirteo a lo Crespúsculo con la hija de Stine llegan a
consumir casi 45 minutos, y esto se pudo haber invertido mejor en introducir a
STINE por ejemplo… de hecho si la película se hubiera centrado más en él la
hubiera disfrutado mucho mejor. No nos engañemos, si llamaron al bueno de Black
fue para que hiciese de gancho de la película porque el resto del elenco son
unos NN.
Luego TENEMOS A LAS DECENAS, LOS CIENTOS, LOS MILES DE MONSTRUOS surgidos
de la imaginación de Stine
… es cierto que iba a ser problemático darles tiempo
a todos ellos en la pantalla
, pero aquí parecen poco menos que sub jefes de
videojuegos, siendo algunos de ellos derrotados de una manera que se nos antoja penosa cuando la vemos. Por
no hablar de lo poco trabajados que están los CGI, especialmente con el Yeti y
el hombre lobo, o los gnomos de jardín, que llegan a moverse de manera cómica en lugar de aterradora como en la serie.
Y me dejé para el final el peor pecado… ¿DESDE CUANDO LOS
ADOLESCENTES PROTAGONIZAN HISTORIAS DE STINE?
Vamos, ellos eran la carne de
cañón, sino eran el hermano mayor descreído o el bully. Eran a los niños a los
que les tocaba enfrentar al bicho de turno, eran ellos los que recibían la
mayor parte de la carga psicológica de la obra… por algo el monstruo elegía
mostrarse ante ellos primero, porque nadie les daría crédito. Claro que podemos
interpretar este cambio como un signo de que el público de Stine ha crecido (hay
ineludibles referencias al mundo de hoy, como las redes sociales, lo cual se ha
convertido en un tropo en toda regla) y que por lo tanto es lógico
representarlo con protagonistas crecidos. Pero es un recurso que sigue sin
cuajar y le resta encanto a la obra.
Pero bueno, comentado ya lo malo, digamos algunos aspectos
rescatables. Por ejemplo, me encantó que el villano de esta historia fuera
Slappy el muñeco ventrílocuo
, quien una vez liberado, busca venganza de su
“padre”, cuyo plan consiste en liberar más monstruos, quemando los libros para que no regresen ahí. Aunque en algunas ocasiones te preguntas cómo es que tiene tanta
autoridad sobre todas las criaturas, convengamos en que era una elección
bastante acertada. Porque viendo como han tratado al resto de los
personajes…
B!tch please…
Luego tenemos la música de Danny Elfman, de quien como siempre es un
deleite escuchar sus partituras… pero vamos, es un pecado haberse olvidado del
TEMA PRINCIPAL.
Lo que hubiera dado por escucharlo en el cine.
Y finalmente, podemos decir que a grandes rasgos en realidad
recoge muchos elementos de la obra de Stine
: entre ellos, el giro final. Si no fuera por la comedia tonta
(aunque inofensiva), de hecho se siente como uno de los capítulos de la serie
que tanto nos gustaba ver por las tardes luego del colegio. De hecho, el giro
final, su sello característico
, es bastante bueno en mi opinión (SPOILER: la hija de Stine resulta ser
otra de las criaturas surgidas de su imaginación y se sacrifica para que todos
los monstruos regresen al libro que Stine tuvo que escribir en una sola noche
para poder encerrarlos de nuevo
) y aunque alguien dirá que lo que sigue es una
estupidez (SPOILER: Stine en agradecimiento al prota quien se vuelve su amigo,
y decide crear de nuevo a Hannah, esta vez quemando el libro para que sea no
regrese a esa dimensión y sea “real”
), pero para mí estuvo mejor trabajado que
la “mafufada” de Pixels donde la rubia con espadas se vuelve real (en serio,
ahí se echó a perder todo lo poco bueno que pudo haber tenido la película, la
de Sandler, digo).
De hecho esto me da la oportunidad de plantear además algo
que quizás muchos no nos lo hayamos planteado antes: ¿era realmente bueno el
material de R.L. Stine, o se trata de otro caso de sobrevaloración nostálgica?
Pues sí, hay que reconocerlo: Stine NO era tan bueno (por
favor, déjenme hacer un descargo antes de la lapidación). La mayoría de sus
obras seguían el esquema de “niño escéptico con problemas-se muda de ciudad-encuentra
algo misterioso-se ve envuelto en una aterradora aventura- no pasa nada hasta
los últimos capítulos-deus ex machina y a cobrar”. Sin embargo, le funcionó
bien porque se convirtió en una suerte de Stephen King para niños: sus
historias seguían un esquema sí, pero funcionaba porque apelaba a un público
cuyas expectativas eran fáciles de satisfacer. Pese a todos sus defectos, te
llegaban a importar los personajes y lo que les sucediera. De hecho, el
universo de Stine podía llegar a ser único como sus criaturas, y además la
atmósfera podía llegar a angustiarte en 
una edad previa a tu primera vellosidad facial. Esto es algo que hoy difícilmente
colaría, en la generación de los creepypastas, donde el esfuerzo por crear
personajes y tramas parece un arte perdido. 

Y también hay algo que nunca tendrán: las inolvidables portadas del ilustrador Tim Jacobus.
Y eso fue Escalofríos, la película. Una cinta que pudo ser
un homenaje a la obra de Stine como a él mismo, pero que no supo enfocarse
bien, y terminó siendo nada menos que otro producto destinado a explotar el
factor nostalgia; lástima que eso tampoco lo sabe hacer bien: sin ser la peor
película de esta temporada, su gran pecado es precisamente no hacerle justicia a la
serie, tanto de libros como televisiva.
Hasta la próxima ocasión, queridos lectores y amigos.

PD: Oh Stine… parece que olvidaste un monstruo más… AL SEÑOR
ENCORBATADO… ¡Él ha regresado para reclamar vuestras almas! MUAJAJAJAJAJAJAJA

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