“Y entonces, cuando embargado por el asco, Tsukuyomi no Mitoko asesinó a
Uke Mochi;
Amaterasu no Mitoko, su hermana y esposa, lo tildo de dios malvado y lo
hecho de su lado.
Desde ese día, el Sol y la Luna, el día y la noche jamás comparten el
mismo cielo”.

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La voz de la oscuridad. 

La Batalla de
L’Fent llevaba poco menos de una decena en desarrollo, pero la carnicería en el
estrecho paso hacia el sector 446 era inmisericorde. La zona era un hervidero
de construcción de estrellas; gigantescas nubes de hidrógeno, helio, polvo
cósmico y gases ionizados que pulsaban y se transformaban ante todo el
Universo. En medio de este enorme caldo inestable existía espacio libre de esta
influencia en la forma de diminutas ranuras esparcidas a lo largo de toda la
extensión de la nebulosa. En este espacio millones de naves y tropas pirse
intentaban abrirse camino hacia el interior del sector 446. La Alianza Unida de
Planetas en cambio no había dispuesto nada para enfrentarlos. Nada a excepción
de un grupo de egresadas de la Academia Himawari y las bases periféricas del
Reino Irezumi. En total, trescientas mil elementos eran las únicas defensoras de
esta posición vital para el sector.
A las tropas
desplegadas no les hacía falta material, la posición poseía su propia línea de
suministros, suficiente para cubrir la necesidad de toda una flota. Pero les
hacían falta números. Por esto el comandante a cargo de la posición tuvo que
usar medidas para convencer a sus tropas  a defender la posición hasta las últimas
consecuencias. La medida más cruel de todas fue la orden de no retroceder. El
57° Batallón de Infantería fue uno de los que recibió la infame orden mientras
cubrían el paso de los cargadores pesados, que apoyaban a un reconocimiento de
fuerza llevado a cabo por elementos ligeros de los Pirse.
Amenazadas con
ser recibidas por las armas de su propia retaguardia, el 57° se adelantó a su
posición de despliegue y formó su perímetro defensivo. La posición elegida era
un campo inestable de vapores ionizados en medio de la nebulosa. Al usar el
entorno en su provecho, el batallón detuvo en seco a los mejores elementos de
los Pirse, pero pagó un alto precio.
—¡Aquí la
teniente Annie Deveraux, 2° ala de vuelo, 3° regimiento del 57° batallón!
¡Alguien me escucha! ¡Por favor contesten!

La
interferencia fue la única respuesta. La joven oficial se llevó las manos a la
cara y suspiró. En medio de un infierno ionizado de hidrógeno, helio y gases
pesados, podía escuchar desde dentro de su cabina el ruido que producía el
impacto de algún resto o la reacción electrostática contra la cubierta. Con la
mayoría de los instrumentos fuera de línea, con una planta de poder que perdía
energía y dos de los impulsores destrozados, estaba en un gran problema; agravado
porque había perdido el localizador y el giroscopio de su nave.
—Creo que no
debí haberle sugerido esa maniobra a Amy.
Ella comenzó a
reírse, pero el dolor la detuvo. Según los indicadores de su traje tenía tres
heridas; una en el brazo, una en el torso que le había quebrado un par de
costillas y una en el pie. Ninguna era mortal, el traje se había hecho cargo de
cerrarlas. Eso no alivió las costillas quebradas, el origen de ese molesto
dolor que sentía cada vez que trataba de moverse o reír.
Tenía que hacer
algo. Luego de tranquilizarse, estudió lo que tenía disponible. Su nave de
combate estaba compuesta de la sección de cabina más un módulo de combate que aumentaba
su capacidad. La cabina poseía su propia planta de poder más
elementos de maniobra de aproximación para uso en estaciones, el módulo
contenía los dispositivos de combate más los impulsores requeridos para
maniobrar en el espacio. La planta de poder comprometida se encontraba en la
sección modular, pero si se desprendía de ella no podría moverse.
—Antes de hacer
cualquier cosa, ¿a dónde debo dirigirme?— exclamó mientras sacaba un dispositivo
de entre su traje. Este flotó sobre su mano y giró repetidas veces hasta
detenerse con el apuntador a su izquierda.
—Bueno. Ciento
ochenta y un grados, tres minutos sobre la boya. Ahora debo ajustar el impulso
en esa dirección, soltar el módulo de combate y dejarme llevar por la
corriente.
Con unos movimientos
de los controles ella orientó su nave de combate y activó los impulsores a su
máxima potencia en la dirección indicada por el dispositivo. Un cronómetro
en una terminal y el indicador de la planta de poder dañada en el otro le permitió  llevar la cuenta hasta que se encendió la alarma de la planta de poder. En ese
momento separó el módulo de combate de la cabina y continuó avanzando con el
impulso mientras el módulo salía disparado en otra dirección. Unos segundos
después, un destello luminoso confirmó que había perdido el módulo de combate.
—Vamos
de regreso pero no se cuanto tardaré en llegar. La planta de poder de la cabina
tiene agua y oxígeno para dos decenas, pero moriré de hambre o de aburrimiento
antes de eso. Así que lo único que me queda es ponerme en estado de suspensión
hasta que me encuentren. Dios, ¿por qué tengo que dormir?
Ella odiaba
dormir. Lo odiaba desde que tenía memoria porque sufría constantemente de
pesadillas. Pero no había más remedio, si deseaba sobrevivir debía entrar en un
coma inducido y esperar a ser rescatada. Por esto activó varias opciones, se encendieron
un par de luces en su traje y las activó simultáneamente. Luego de
recostarse, comenzó a sentir los efectos de los somníferos y sin darse cuenta
de cuando perdió el conocimiento.
El sueño
inducido no le permitió saber cuánto tiempo había pasado. Pudo haber pasado
unas horas, un día, unos minutos; pero un dolor insoportable en el pecho la despertó.
Ella abrió los ojos y pudo sentir la luz. Pero en lugar de ver su pecho, ella
uso sus garras para abrirse paso de la prisión en que se encontraba y logró
liberarse en un instante. Aunque no podía ver, pudo sentir su cuerpo debajo de
ella. Quiso echarle un vistazo, pero algo la jaló fuera de la cabina hacia el
espacio, donde pudo observar el hermoso y peligroso espectáculo que se desataba
a su alrededor.

Su experiencia
de piloto le decía que se estaba moviendo a una velocidad vertiginosa, pero no
tenía control sobre su cuerpo. Voló por el espacio por lo que le pareció una
eternidad, hasta que se encontró dentro de un enorme espacio oscuro que le
produjo un escalofrío. Era la nada, el vacío, el frió que se cuela en las
entrañas y lo consume todo.
[Al fin has
regresado, pequeño estropajo. Era hora de que lo hicieras.]
Ella quedó
estupefacta. La oscuridad le hablaba, le hablaba a su cuerpo, le hablaba a su
mente, imponía toda su presencia en todo su ser. Quedó paralizada
frente a la enorme oscuridad que abarcaba todo a la vista, sin saber que era lo
que debía hacer.
[Habla. ¡Qué
tienes que decir de tu fracaso!]
—No entiendo de
lo que me está hablando. ¿Qué es lo que quiere de mí?
La oscuridad no
mencionó palabra por un largo instante. Cuando lo hizo, chilló de forma
espeluznante, tanto que estremeció a la joven que no entendía lo que estaba
pasando.
[Es admirable.
Te integraron con esa forma de vida inferior. Es un gran logro, digno de una
especie creada por los iluminados, pero no cambiará nada. Fue un esfuerzo fútil.]
—¡Pero, qué es usted!
[¡Soy la
oscuridad que ronda en los sueños, soy la
oscuridad que se puede ver en la Luna! Los que me siguen me conocen con un nombre, ¡Gleeth!]

En ese momento
ella se dio cuenta de que no respiraba, no sentía, no vivía. Pero el frío de la
presencia la abrumaba. Una vez que se presentó, ella quedó sujeta a su voluntad
y la entidad comenzó a instruirla sobre todo lo que ignoraba. Esto horadó su
cordura hasta que una luz brillante la hizo abrir los ojos y despertó.

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