A “pothead” = alguien que cree
que todos los problemas tienen solución cuando fumas marihuana o todo es más
divertido (Urban Dictionary), si a esto agregamos hacerse rico vendiéndola tendremos
la premisa de la película “Kid Cannabis” que de forma genial y divertida nos
narra la historia de Nate Norman (interpretado por Jonathan Brown) y su compañero
Topher (Kenny Wormald) traficando por la frontera de Canada con Estados Unidos.




Basado en una historia real de un
joven en Idaho que construyó un pequeño imperio marihuanero con sus amigos
cercanos, no es que no haya control fronterizo sí que lo hay pero hay ciertas
brechas en el bosque que conectan directamente ambas carreteras a solo 20 o 30
minutos maratónicos. Para ello Norman los había equipado con ropas de camuflaje
y pistolas de paintball como cuartada por si los veían en los bosques, los
chicos corrían por la noche sin ningún control por cerca de 2 años llegando a
mover casi 17 toneladas ($38 millones).




Que me atrajo de la película, en
parte ver la vida de Norman de ser un nerd que reparte pizzas a todo un drug
lord que con ingenio y audacia va creando su red de tráfico, también apreciamos
un poco de su viaje a Canada que según lo describen produce una de las mejores
cepas. Es allí que conoce a un granjero John Grefard (John C. McGinley) que
tiene toda una plantación oculta en su granero y que básicamente es su negocio
familiar al ser su hija mayor que hace el contacto con Topher en una
gasolinera.




No quiero ahondar en las políticas
de consumo de la marihuana dado que la película ahonda más en “querer hacerse
rico lo más pronto posible” siendo lo más sorprendente la reacción de la madre de
Norman casi al final de la película: “es solo pod mi hijo, es solo pod”…

Bueno no solo es “pod” o “hierba”,
es básicamente dinero a borbotones que tanto Norman,  Topher y compañía gastan a raudales en sus
super fiestas generando la envidia de un traficante vecino Brendan Butler
(Aaron Yoo), llegando incluso a irrumpir en una de ellas pistola en mano
diciendo que se retiren de su territorio. Lo curioso de Brendan es que pese a
lucir tan amenazador termine siendo asesinado por sus propios asesinos, así es
hartos de ser gritoneados debido a las fallas por asesinar a Norman terminan
por quebrarle el cuello en un bosque.




Esto marca el declive del negocio
de Norman, primero tenemos un cadáver en el bosque y segundo un desconocido que
Topher, su amigo cercano, agrega a la lista de corredores. No es un agente
encubierto por si lo estaban pensando, se trata de un oportunista que simulando
cagar en el bosque en plena carrera camufla un par de kilos y al retornar “en
plena mañana” a recogerla se topa con los agentes aduaneros que estaban tras la
ruta de la droga.

Demás está decir que los vende
más rápido e incluso colabora en la captura del grupo que al ser interrogados
terminan por nombrar a Norman como su jefe tildándolo de mente maestra, que los
obligaba a correr por miedo de asesinar a sus seres queridos, que mando asesinar
a Brendan o mejor aún que ellos solo corrían y nunca sabían lo que tenía las
maletas. La confesión que más dolió fue la de Topher que también termina
culpando a Norman de todo.

Y donde esta Norman, pues según
una nota que escribe a la policía se fue de vacaciones y aquí les dejo un poco
de hierba por las molestias, el informante que le salva el pellejo trabaja para
Barry Lerner (Ron Perlman) el principal inversor y verdadero traficante detrás de
los envíos mochileros que de esta manera agradece a Norman el haber permanecido
leal algo que en este rubro es una rara virtud.




Claro que Ron Perlman es un
personaje inventado para darle mayor solvencia a la historia dado que el
verdadero Norman según el periodista Kevin Taylor (Spokesman-Review) creo su
propio círculo de distribución, algo que aterra sobremanera dado su “sentido
para el negocio” de Norman que empezó con solo $1600 para comprar su primer
kilo en Canada, venderlo allá, doblar el dinero y comprar dos luego cuatro…
ocho… construyendo un imperio con sus propias manos sin ninguna organización de
por medio o financieros ocultos… mostrando que el mercado del pot en los EE.UU.
es infinito…


Al ser detenidos todos delatan a
Norman por una baja en la condena, siendo Norman quien finalmente se entrega
dado que no puede dejar a su madre sola con todo esto, lo condenan a doce años
sin fianzas de por medio. Final predecible, es cierto que se asemeja a tantas
otras historias de tipos que vuelan alto y caen por su propia inexperiencia quizás
pero lo valioso de Kid Cannabis está en la semblanza del propio Norman y su
valentía por dejar de ser un don nadie y que de paso permite descubrir a una
nueva generación de actores.

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