“En un distante futuro, la raza humana enfrenta su mayor desafío al quedar atrapada en el conflicto genocida del Sector 446, uno que no es suyo y que tampoco desea. Sea para el Dominio For’Arms, al el que los humanos solo cuentan al morir, o para el Reino Irezumi, que desea usarlos como escudo en su Guerra de Independencia; la lucha por la vida y la muerte se desatará con furia y brutalidad durante los siguientes días…” 

Aunque las fuerzas armadas de las irezumis eran impresionantes, como pueblo
ellas poseían una tasa de población mucho menor a los demás representantes de
la Alianza. Sólo contaban con cinco mil millones de habitantes registradas, lo
que no se compara con los restantes miembros. Como pueblo pragmático, ellas
debían tomar la decisión más lógica de volver a volver a doblar su cabeza si
deseaban sobrevivir. Eso lo sabían los representantes de la Alianza que habían
votado a favor del acuerdo. Pero las irezumis daban señales ambiguas. 
La Flota Irezumi había pasado a un estado de alerta
general. La anulación de los permisos, la reestructuración del comando, las
guardias estrictas y la puesta en alerta indicaban que algo se estaba gestando
entre sus filas. Por otra parte, ellas mostraron sinceridad en las conversaciones
para que aceptaran las medidas. Con los orelianos como intermediarios,
 definieron las condiciones bajo las cuales aceptarían las imposiciones de
la Alianza.
En medio de esta
incertidumbre, la Reina sorprendió a todos cuando solicitó audiencia ante el
Consejo de la Alianza para dar su parecer sobre este acuerdo. Esta le fue
concedida para el día 3.15.715. La primera sesión no prometía nada nuevo, con
las constantes revisiones y mociones sobre proyectos comerciales de poco
interés. Los miembros de las veinticinco sociedades esperaban con ansias la
segunda sesión. Ese sería el momento en que la Reina de Irezumi daría su
discurso.
Llegada la hora la Reina entró
en la sala y saludó con reverencia. Tomó su tiempo para que el podio se
colocara en medio de los representantes, ajustó el aparato de comunicación y
comenzó su discurso:

Concejales, miembros de
la Alianza. En nombre del pueblo irezumi, agradezco el tiempo que se han
dignado para hablar en este foro, sobre el problema que nos concierne. Todos
saben quiénes somos. Por años, nuestro servicio ha sido como leales soldadas,
sea para nuestros antiguos maestros orelianos, sea para la Alianza. Millones de
congéneres han brindado su vida, su sangre y su lucha, para conservar el
equilibrio dentro de este sector. Mis antepasadas participaron en cientos de
guerras, yo he presenciado la muerte de millones de hermanas, que lucharon con
orgullo, para proteger el honor y la gloria de nuestro pueblo, así como servir
a quienes han confiado en nuestro servicio.

Ella tomó un respiro y continuó:

El acuerdo presentado por el líder Ssarola pretende
dispersar nuestra flota y someternos a la abyecta indiferencia del olvido. A
pesar de los esfuerzos de nuestros maestros orelianos, aún existen puntos que
no podemos aceptar. ¡Y no vamos a aceptar!

¡Dado que este documento sucio ha nacido en el seno de este organismo!, ¡ya no
sentimos que seamos reconocidas o respetadas por este foro! De esta forma,
conforme a los estatutos presentes de la Carta de la Alianza, hago valer el
derecho de nuestra nación: A partir de este momento renunciamos de forma
permanente e irrevocable a esta Alianza. ¡Estamos por nuestra cuenta!

A todas las irezumis que escuchan mi voz, ¡vuelvan a casa! Para los
representantes de esta sala, si por alguna razón amenazan nuestros intereses,
invaden nuestro territorio o nos ponen en peligro; todo esto será considerado
un acto de guerra en nuestra contra; que se responderá de forma inmediata.



Muchas gracias por su atención.



Con este breve discurso, para la sorpresa de los presentes en el Consejo,
la integridad de la Alianza había terminado.


Capítulos de La Guerra del Borde Interno.



 


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