“Y entonces, cuando embargado por el asco, Tsukuyomi no Mitoko asesinó a Uke Mochi;
Amaterasu no Mitoko, su hermana y esposa, lo tildo de dios malvado y lo hecho de su lado.
Desde ese día, el Sol y la Luna, el día y la noche jamás comparten el mismo cielo”.

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El Dios
Ciego de la Luna

El final de la Batalla de L’Fent vino como una
gran bendición para todos. No era para menos. Sesenta días de una carnicería
sangrienta en el paso más importante al Sector 446 habían dejado su marca en
todas las valientes defensoras que habían dejado sus vidas y su esfuerzo por
conservar a la Alianza Unida de Planetas en una sola pieza. En la que era
considerada la gesta heroica más grande de la historia militar del sector, la
Décima Flota Irezumi había rechazado sola durante todo ese tiempo el intento
del poderío Pirse por abrirse camino en el sector. Los restos de cientos de
miles de naves en el Paso L’Fent daban fiel testimonio de la carnicería, con su
correspondiente cuota de miseria y sufrimiento. Pero al final del día, al final
de toda la pesadilla; las jóvenes oficiales y pilotos de esta flota habían
confirmado la tradición irezumi de combate y la habían llevado a un nuevo nivel
de excelencia.
Pero esta nueva página de valor en combate no
se hubiera escrito de no haber sido por la intervención de la representante
Dania Kigure. Por su posición en el Consejo de la Alianza así como su cercanía
con su actual presidente, ella pudo conseguir que se jurara esta flota, lo que
permitió que fuese desplegada en combate. Esto salvó a todo el sector de una
amenaza impresionante, así como le ganó el respeto y la gratitud de todas las
razas en esta sociedad de naciones.
Dania vestía de civil para atender su nueva
asignación. Su viaje a L’Fent, que tenía como objetivo supervisar la desmovilización de lo que quedaba de
la Décima Flota. Según los actos protocolarios, ella daría un discurso frente a la
Flota Combinada para agradecerles por su apoyo y desearles lo mejor en su
incursión al interior del territorio Pirse. Pero mientras caminaba por los
pasillos, ella abrió la mano y observó la hora reflejada en una imagen holográfica.
Tenía tiempo para atender un asunto que había dejado pendiente, hacía diez
años.
Ella encontró con facilidad la puerta del
cuarto que buscaba, que daba a un pabellón de hospital. La estación Kasimierz
era de tipo médico. Ella apenas le puso atención a como las mujeres que
convalecían se levantaban y procuraban saludarla. Un breve movimiento de su
mano derecha respondió el saludo de todas las que de esta forma le expresaban
su admiración a la que era considerada la “Salvadora de la Alianza”. Debido a
su extensión, le tomó tiempo llegar hasta el fondo. Y la situación que se le
presentó allí era algo surrealista para su gusto.
—No Amy, no… Esto es para peinarse. Tienes que
usarlo así, para cepillar tu cabello. ¡Ves! Pásalo por tu cabello así, hasta
que quede igual que el de la imagen. ¡Entendido!

La joven de cabello verde confirmaba que su catatónica compañera llevaba a cabo la tarea de peinarse, Dania aclaró su garganta, lo que
la hizo voltearse de inmediato y saludarla con respeto.

—Lo siento señora. No la había notado.
Discúlpeme.
—Descanse, teniente.
La oficial era muy joven. De entre quince a
dieciséis años, ella colocó sus manos en la espalda y esperó a que le hablara con una gran disciplina.
—¿Qué le sucede a su amiga?
—¡Ah! Discúlpela señora. Amy sufre de una
separación clase cinco. Es más vivaz de lo que parece en combate, pero para las
cosas básicas todavía le hace falta entrenamiento y acostumbrarse.
—¡Una separación clase cinco!— exclamó la oficial
con cuidado—: Debió haber padecido un cuadro de estrés de combate realmente
sobrecogedor para haber recibido semejante tratamiento.
—Todas sufrimos mucho en L’Fent, señora. Yo fui
herida tres veces en la Batalla contra los Cargadores, mi nave quedo
destrozada. Amy apenas pudo regresar. De mi ala sólo diez lo logramos.
Pero no pasó ni uno solo.
—Ese es el espíritu que debe tener una gran
irezumi, Annamarie.
La oficial se quedó muda ante la representante.
Era lógico, nunca las habían presentado pero sabía su nombre. Por eso continuo su plática, mientras ignoraba la perplejidad que le
había producido a su receptora.
—Han pasado tres períodos desde la primera vez
que te conocí, Annamarie Deveraux. Tres largos períodos desde que ese horror llegó
a mi vida. Sólo me dio curiosidad ver cómo se había desarrollado el proyecto de
la reina. Parece que has crecido, hasta convertirte en una gran y poderosa
irezumi. No me equivoqué al obedecer a su majestad ese fatídico día.
—Si señora. Soy una irezumi ahora.
—¿Desde hace cuanto sabes que no eres humana?
—Desde el bulto, señora. Las mujeres humanas no
pasan por ese estado. Cuando salí del caparazón, me di cuenta de que no era la
original. ¿Soy una copia genética de la verdadera Annamarie?
—Eres la segunda copia de diez, cariño.

La joven guardó silencio por un momento para tratar de poner sus ideas en orden. Luego preguntó.

—¿Qué hay de mis recuerdos? ¿Mis memorias, mi
vida con mis hermanas, mi madre, mi vida en Brockton? ¿Qué hay con eso? ¿Cómo es
que tengo estos recuerdos?
—Se suponía que la reina Sohoirna debía viajar para firmar un tratado que entregaba Tara a los humanos, pero tu destino quedó sellado cuando bajó al planeta a convivir con los nativos y te conoció. Ella compartió un lazo muy fuerte
contigo durante el tiempo que ambas estuvieron juntas. Por ello pudo usar metatransferencia para depositar tus recuerdos e
impresiones que conservaba en su mente. Esa es la razón por la que puedes recordar
esas cosas.
—¿Y por qué me escogieron a mi? ¿Por qué?
—Porque eras idéntica a la niña que murió en el
Centro de Investigaciones de Yath. Tu cuerpo quedó irreconocible, contaminado y
corrupto; era insalvable. Pero la máquina sobre la que te atendimos conservaba
muestras de tus tejidos extraídos antes de que esa cosa te despedazara. Aunque
estaba rota, pudimos recuperar las muestras y la información. Hubo que
combinarte con irezumi para poder completar los huecos en tu codificación y
limpiar la contaminación que ese engendro dejó en tu material.
—¿Y por qué me dice esto? ¿Por qué ahora?
—¡Porque te transformaste! ¡Porque tú lo viste!
La joven quedó devastada con la revelación de Dania.
De inmediato ella se sentó a un lado de su cama. Con paciencia, su interlocutora
se sentó a su lado, puso su mano sobre su hombro y exclamó.
—Sabes que hay pocas cosas que se escapan de
las observadoras. Ellas vieron lo que te sucedió cuando tu nave salió disparada
hacia la corriente nebular en el interior del paso. Ellas lo vieron todo; tu
desesperación, tu miedo, tu horror, cuando te
encontraste con eso. Lo peor para ti es que eso
te hablo.
—Su nombre es Gleeth— contestó la joven que
conservaba la cabeza baja. —Él es sólo oscuridad. Una masa oscura, enorme y
amorfa, que yace ciega y sorda en la nada. No logro determinar si me tropecé
con él físicamente, o si fue una alucinación, pero para mí resultó una
experiencia real y vivida. Sentí su voz en todo mi cuerpo, sentí su inmenso
poder en todo mi ser, me sobrecoge comparar mi pequeña mortalidad con eso.
—¿Y qué fue lo que te dijo?
—El primero se burló. Hablo de lo
insignificante y ridículo que había sido su esbirro, de cómo este seguía siendo
parte de mi. Pero después, no pude creer lo que me dijo. Él me dijo que
Amaterasu, su diosa del sol, es otro ente cósmico como él. Que ambos lucharon,
que le quitó la vista y que lo exilió de la zona para que nunca más volviera.
—¿Qué más te dijo?
—Quiere volver de donde fue expulsado. No le
importa nada, él no necesita de nada ni de nadie para sostener su existencia.
Pero su deseo es volver, despertar, ver y asentarse de nuevo en el primer lugar
que su enorme consciencia cósmica recuerda.
—Déjame adivinar. Ese lugar es Nuestra Casa.
—Así es. Ese lugar es el sistema donde se
encuentra el planeta Irezumi.
Dania suspiró con desagrado ante la noticia.
Frotando sus dedos con cuidado, ella tomó su tiempo para contestar.
—¿Y qué piensa hacer con nosotras?
—No me dijo. La verdad creo que somos tan
insignificantes que ni siquiera se molestó en informarme eso. Es como si
fuésemos insectos a su vista, a los cuales puede pisotear cuando lo desee. Su resentimiento está dirigido por completo hacia Amaterasu.
Dania se sorprendió con la respuesta. Por eso, sujetó a la joven y reclamó—: ¿Cómo que Amaterasu? ¡Explícate! Sabemos
desde hace mucho tiempo que la regalía en nuestras manos no son más que
instrumentos tecnológicos diseñados para enfrentar criaturas de su clase. Aunque
todavía oramos en su nombre, Amaterasu permitió que fuéramos conquistadas por
los Orelianos y nos abandonó a nuestra suerte. ¡Está muerta! ¿Cómo puede ser eso posible?
—No lo sé. ¡No lo sé! Lo único que me dijo
cuando le hice esa pregunta fue un nombre que no entendí, que me tradujo Amaterasu
con una risa malévola… Y hay algo más.
—¿Más?
—Él me dijo que la corriente del cosmos va a
cambiar. Habrá una guerra, una en el sector como jamás se ha visto guerra en la
historia. Esta será el motor para que él despierte, pero no estará sólo. A
través de sus impresiones, percibí a miles de esas colosales
entidades, que duermen el sueño de la muerte y esperan a que se les presente la
oportunidad de despertar. Ese evento los va a despertar a todos.
Dania se apartó en ese instante. Abrumada por
la revelación, ella comenzó a respirar agitada, como no lo había hecho antes.
Ya que la sensación de impotencia, soledad, abandono y terror de ese día en el
nivel treinta y cinco del Centro de Investigaciones se volvió a repetir. Sólo
que este se había multiplicado muchas veces más. Un horror corrupto se extendía
por el sector, imperceptible ante los ojos y sentidos comunes de los mortales. Para
la desgracia de todos, no había nada que se pudiese hacer para detenerlo.

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