Hay altas expectativas
en la nueva adaptación de AMC. Pero podría caer entre algo que se
toma demasiado en serio y una versión “más madura” de
Constantine
Ha pasado medio año
desde que me enteré que AMC (los de Breaking Bad, Mad Men,
The Walking Dead, Better Call Saul y Fear The
Walking Dead
) llevaría a la pantalla chica Preacher. La
adaptación de la controversial novela gráfica, creada por el autor
Garth Ennis y el artista Steve Dillon (ambos curtidos originalmente
en Hellblazer),
estará a cargo de Evan Goldberg y Seth Rogen. Ay, sentí.
Han pasado unos cinco
meses desde que vi el trailer
de la serie, que por alguna razón AMC tardó meses en confirmar
fecha de estreno). Ay ay, sentí.
(Ay ay, a pesar de que el
propio Ennis dijo en su momento que no
le importaban
los cambios que habían hecho.)
Han pasado un par de
meses desde que presentaron el piloto
en el festival SXSW. Y muchos “expertos” han dicho que el show es
la perfecta mezcla entre filosofía y acción. Ay ay ay ay.
Y hace pocos días AMC
colgó
los primeros cuatro minutos del piloto, que se estrena este domingo
22 de mayo. Dramático, tal vez. Pero se siente como cualquier cosa
excepto Preacher. Ay ay ay ay ay.
Como la negatividad
abunda en redes sociales, Internet, el mundo y en mi propia cabeza,
suelo forzarme a tomar la ruta de Kevin Smith: a veces peco de
optimista con este tipo de iniciativas. Por más que toquen una obra
que me gusta mucho (no voy a decir “cercana al corazón” pues ese
es uno de los puntos que muchos no entienden). Por más que ya otra
cadena se pasó por allí la adaptación de Hellblazer, Constantine.
Cuesta buscar lo positivo antes de quejarse. Pero llevo varios meses
preocupado.
A pesar del buen récord
que tiene AMC, estoy ansioso varias razones. Al igual que Hellblazer,
Preacher es una obra centrada en los personajes. Sí, el
diablo y la violencia y las acusaciones de satanismo. Sí, el linaje
de Jesús, embrutecido gracias a dos mil años de endogamia.
El heredero
de Jesús, aplastado por el equivalente del Papa en el cómic
Sí, la Voz De Dios que
permite que el protagonista manipule a quien él desee. Sí, vampiros
borrachos que no cumplen los clichés de Stoker ni muchos
menos los de recientes series y películas populares. Sí, fantasmas
que matan al propio Lucifer. Sí, los siete pecados capitales. Sí,
exorcismos e invocaciones. Sí, magia.
Pero el asunto es que no
es sobre vampiros, curas ni fantasmas ni magia. Tanto Hellblazer
como Preacher usan la magia y lo místico como elementos de la
historia que quieren contar. Y ambas nos asustan más con sus
personajes humanos que cuando se invoca a un demonio o, peor aún, a
un ángel.
Ahora, a diferencia del
protagonista creado por Alan Moore, Preacher no se centra en
un solo personaje sino, al menos, en la trinidad de Jesse Custer (el
pastor rebelde que recibe la Voz De Dios), su amigo Cassidy el
vampiro irlandés y su novia sicaria Tulip.
Preacher no se
tomó en serio, desde el inicio. Usa sus abundantes elementos
místicos principalmente para crear paneles memorables, para mover la
trama para adelante y, por supuesto, para escandalizar a los
conservadores (la misión de Jesse, es, al fin, encontrar a Dios,
putearlo por abandonar a su creación y, por más justificaciones que
dé, pichaseárselo).
Al leer las reacciones en
Twitter, como por ejemplo “filosofía, sangre, humor” y los
titulares de la prensa entendida (“raptados por la reacción”
“piloto convierte nuevos fans”) quiero arrancarme el pelo.
Palabras más, palabras
menos: están esperando algo que no debería estar allí.
Preacher habla, en
parte, del triángulo amoroso entre Jesse, Tulip, Cass. De un
personaje femenino fuerte, literal y simbólicamente. Que putea al
novio por protegerla. Y que muchas veces lo salva a él.
Preacher trata
sobre la violencia por el hecho de la violencia. Está el Saint of
Killers
como un ejemplo: sí, le mataron a su familia en el siglo XIX
pero su sed de sangre le hace matar a una persona inocente y se
condena a sí mismo al infierno (donde lo torturan pero, engañando a
la Muerte y al Diablo, logra matar al segundo y surgir, para seguir
matando en la tierra, tanto a inocentes como culpables). Al malo no
siempre se le castiga. Y el “bueno” ni siquiera es tan bueno.
Preacher ofende a
los fanáticos sensibles de Nirvana y les da Arseface: un adolescente
que, ante la muerte de Cobain, se quiso suicidar igual que él, con
la suerte que tuvo mala puntería y que, pues, no resultó muy bien
que digamos.
Pero Arseface es un
personaje central, que aunque ni puede hablar bien, logra tener una
banda (¿entienden?). Un personaje que nos obliga a cagarnos de risa
y a entender por qué hizo lo que hizo. ¿El show va a
atreverse a darle la misma historia? Ojalá.
Preacher es una
versión diabólica del roadtrip de Kerouac. Busca la
blasfemia por el hecho de la blasfemia. Busca matar ídolos;
religiosos, literarios, gráficos, morales, consensuados por la
sociedad. Busca que alguien se escandalice porque yo sea capaz de
compararlo con Kerouac.
Más que humor británico,
lo que la publicación ofrece es humor irlandés: borracho, estúpido,
de niño puberto. Es un clásico taking the piss que, en el
estilo de Christopher Hitchens, asume que si todos se están riendo,
se fracasó rotundamente. Nada es en serio y nada es sagrado.
Al fin, recordemos, el objetivo del protagonista es darle una lección
al Dios que nos abandonó y a todo su séquito:
No estamos hablando de
filosofía ni del sentido de la vida ni de teología. Preacher es
una versión más violenta, infantil y satírica que la trilogía
“vamos-a-matar-a-Dios-y-su-Magisterio” de Philip Pullman. Cuando
un medio digital se pregunta “¿la adaptación hace justicia a la
amada y profunda obra de Ennis?”, quiero salir corriendo.
Preacher no es
punk, tampoco: no es un cómic solamente rebelde. Tiene valor
literario, tal vez muy a pesar de sus creadores. Hay desarrollo de
personajes, hay un argumento interesante. Y, propio a cualquier
novela gráfica contemporánea, sobre todo si es serializada, hay
saltos en el tiempo, explicaciones de los orígenes de cada
personaje, momentos memorables y muchos, pero muchos fallos. Desde
tramas que no van a ninguna parte o que cuesta que agarren inercia
(la introducción y pasado de Tulip, la novia de Jesse), hasta baches
abiertamente aburridos en el tercer y cuarto año (de seis que tuvo
la serie en papel, sin contar ediciones especiales). Desde la
glorificación de la violencia, muchas veces de manera innecesaria
inclusive con todo y su pisstaking (es un cómic de Vertigo al
fin y al cabo y seguro soy solo yo: la verdad es que a veces hasta el
exceso es gracioso) hasta acusaciones francamente justas de machismo
y homofobia. Ennis no quiso ser políticamente correcto y ciertamente
logra su cometido. De hecho, gozaba de pelear con sus fans
cuando éstos le reclamaban (¿de verdad vas a decir que un villano
se hace gay porque lo violaron? ¿Era necesario violar a esta
personaje? ¿No te has dado cuenta que eres un escritor de quinta
hack-, Garth?). Si alguna vez tienen chance de leer esas
cartas, háganlo (únicamente disponibles en los cómic originales;
lo siento). Es, al final, humor irlandés. Un humor que solo un
irlandés católico podría hacer. Y no sé si inclusive AMC lo esté
transmitiendo correctamente (juzgando por el trailer).
Un inicio típico de Ennis revisando su correspondencia en los noventas
Juzgando por la reacción
de los suertudos en SXSW, tampoco sé si se está interpretando
correctamente la fuente original. Creo que muchos están esperando la
serie Constantine, versión madura. Y en realidad
deberían esperar Constantine, versión inmadura.
El punto es que no hay
que esperar de Preacher una obra magnánima ni apoteósica. Ni
es, ni quiso ser nunca, perfecta. Y las reacciones iniciales tanto de
conocedores como novatos en la serie, por no hablar del casting,
parecen estar malinterpretando esta producción. Y no sé si es
malinterpretación. O si AMC se paseó en el cómic.
Algunos están esperando
el gran comentario socio-simbólico-fragmentado sobre la
significación hermenéutica del cristianismo en la etapa postmoderna
del capitalismo tardío. Y, con Cassidy, lo que deberían recibir es
un recordatorio que algunas personas tienen mucho tiempo en sus
manos.
Vamos a estar en dos
infiernos. Tendremos una adaptación “más de acción” de una
serie, y de una película, que no funcionaron: las dos versiones de
Constantine. Y tendremos a la vez un material altamente
presuntuoso, que dista mucho del original.
Periodistas, críticos,
fans. Lo que he leído en Internet se siente raro. Igual que se
sienten raros los primero cuatro minutos mencionados arriba. Dicen
los entendidos que el piloto es una serie de secuencias frenéticas
de acción del primer nivel y peleas macho. Sobran los humanos
explotando, las peleas de vampiros, dicen. El piloto expande los
temas filosóficos del material original y además abraza su mundo
rico en arquetipos, dicen. Toma el ritmo de True Detective y
lo balancea con elementos de ciencia ficción de alto octanaje,
dicen.
Tendremos algo que se
parece a Preacher pero que no lo es.
Por Dios, espero estar
equivocado. Oremos por Preacher. Por el linaje de Jesús.
Contribución de Frank Privette de Literofilia
fprivette@gmail.com

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